Esta técnica permite congelar con éxito los óvulos, preferiblemente, antes de cumplir los 35 años, con lo que la “edad genética” de los mismos se mantendrá constante pese al paso del tiempo transcurrido, hasta que la propia mujer decida ser madre.
La vitrificación consiste en emplear concentraciones muy altas de crioprotectores, deshidratando casi por completo la célula, evitando así la formación de cristales de hielo que desgarren los órganos celulares, provocando la muerte de la célula en el proceso de enfriamiento.
Una vez vitrificados son almacenados en nitrógeno líquido a una temperatura de -196 ºC. A estas temperaturas los óvulos prácticamente no tienen fecha de caducidad.
Cuando llegue el momento de tener hijos, los óvulos una vez desvitrificados, serán inseminados con el esperma masculino y los embriones resultantes transferidos al útero materno en 2 o 3 días..